Sabrina se alejó por un pasillo y llegó hasta el salón de recepción, sintió que no podía más, y rompió en llanto, cubriendo su rostro con sus manos.
Cuando el señor Swift la vio llorar, sintió pena por ella, y se acercó tan rápido como pudo, la abrazó.
—Señorita Ford, por favor no llore, no quiero verla llorar, escúcheme, hay un secreto que debe saber.
Ella le miró con duda, mientras la mirada dulce del señor Swift se calvaba en Sabrina
—¿Qué pasa?
—Me acaban de avisar, su hermano no está m