026: BILLY SYES.
—¿Te vas a quedar callada? —reclamó Helarya, que esperaba una explicación de mi parte. —¿Qué hacían tus pertenencias en el jardín de mi mansión?
Me había quedado en blanco. Las palabras abandonaron mi boca y el aire mis pulmones. No había forma de explicar sin quedar como culpable. No me quedaba de otra que aceptar lo que había hecho, pero aún así, opté por quedarme callada.
Helarya caminó hasta mi escritorio y colocó ese horrible bolso encima con una calma que no podía signi