096: OTRA VEZ CAYENDO.
El aburrimiento dentro de estas cuatro paredes es una tortura peor que cualquier castigo conocido.
Me mantuve recostada contra las almohadas, sintiendo el roce de las sábanas de seda gris que ya empezaban a fastidiarme la piel por la falta de movimiento.
Gire el rostro hacia el ventanal que da al patio delantero, apoyando la mejilla en la mano izquierda. Afuera, la vida seguía su curso normal sin importarle mi encierro.
Observé detalladamente cómo dos de los jardinero