Había pasado cerca de una hora desde que Zander se había marchado. Selene lo esperó, lo hizo hasta que llegó a cansarse lo suficiente, como para ir al armario.
En aquel lugar completamente arreglado se encontraban las cosas que se suponía que eran para ella, que estaban en completa medida para ella, junto a las de Zander Perseus.
Aquello no supo cómo la hizo sentir. Un hueco en su estómago se instaló al instante en el que logró ver todo frente a ella, cómo los zapatos, y la ropa se encontraba a