El avión ambulancia descendió sobre la pista privada de Ciudad A bajo un cielo de plomo que parecía presagiar el fin de la tregua emocional.
El trayecto desde Grecia había sido un túnel de silencio sepulcral, roto únicamente por el pitido constante del monitor cardíaco que vigilaba la salud de Selene.
Zander no se había apartado de su lado, pero ya no la miraba con la esperanza del amante que ofrece libertad; la miraba con la determinación del carcelero que ha decidido que la seguridad es prefe