Una despedida
―Cálmate, por favor ―Por arte de magia, mis palabras terminaron siendo desoídas como si el viento las desapareciere delante de la locura desatada de esa mujer. No parecía existir manera de que ella prestase atención a nada de lo que yo pudiese decirle. Definitivamente, estábamos en un impasse en todo el sentido de la expresión. Ella concentrada por completo en sus planes, mientras que yo solo podía pensar en una sola cuestión―: ¿Dime donde están todos?
Rebeca no prestó atención a