Dentro de mí
Cristian sonrió al escucharme decir aquello.
Aunque era una afrenta para lo que él había plasmado como una determinante y autoritaria petición, pudo a su vez encontrar regocijo en esa respuesta contraria y de contestación que yo esbocé para hacerle saber que no había manera ni forma en el mundo de que se me impidiese a mí poder hacer hasta lo imposible para luchar por ese amor que me habían arrebatado el miedo y el terror.
Ahora él solo debía resignarse a que yo me entregara en c