La mujer que te amó
―Desde ese día no volví a vivir, me convertí en un autómata vacía y sin emociones. Lo único que hacía lo hacía por mi hermano, pero no podía dejar de sentirme mal incluso por él. David no se merecía que yo viviese a su lado así, indolente e indiferente, no después de haber vivido en ese infierno encerrado todo ese tiempo, pero para mí era imposible sentir algo sin que me doliera, por eso termine inconscientemente aplicando la filosofía de vida que tú habías aprendido de tu a