Como al principio
David hizo buen equipo con Erick, quien también era un apasionado de los motores y la gasolina, incluso ambos me pidieron permiso para poder dar una vuelta en la motocicleta, lo que estuvo a punto de hacerme sufrir una ataque de ansiedad, pero Ana se encargó de tranquilizarme, pues ella se ocupaba maquillándome y no quería que por ningún pienso se me notaran las líneas de expresión.
―Déjalos ―me dijo con la voz divertida y un gesto de fingida rendición―, ¿Acaso no ves que solo