18. Sed de venganza
Aquella noche Marcos y Alma permanecieron todo el día distanciados y al caer la noche se acostaron uno al lado del otro sin pronunciar palabra. Alma hizo acopio de su voluntad para mantenerse callada, pero horas después esta flaqueó y se volvió hacia Marcos para decirle:
—No me gusta lo que está pasando. No me gusta estar enfadada contigo.
Marcos no respondió al instante. Tenía las manos atrás de la cabeza y la vista fija en el techo.
—Eso debiste pensarlo antes de poner a la sirvienta por enci