Margaret
—¿A dónde vamos? ¿Lo pilotas tú? —le pregunté entusiasmada.
Él me dedicó su mejor sonrisa y pidió los permisos necesarios para despegar a una torre de control, del que no entendí el nombre.
—¿Lista para el paseo, Margaret? —asentí rápidamente, alegre y emocionada como una niña.
—Sí, sí, vamos, estoy lista —sonreí abiertamente, sintiendo que mis mejillas se romperían.
Nikolay hizo las comprobaciones de seguridad pertinentes; niveles de aceite, gasoil, hizo girar las hélices y ajustar la