—Tú… no puedes divorciarte de mi hijo, ¿entiendes? —Ava no pudo continuar aparentando. En un segundo sacó su frustración y apretó el brazo de Astrid. Esta se quejó cuando la mujer hizo presión en la misma parte que Liam le había dejado lastimada.
—Lo siento —dijo cuando se dio cuenta de que su otro interior estaba hablando. En un suspiro recobró la compostura y forzó una sonrisa. No podía dar a notar que ya sabía sobre lo que sucedió entre su esposo y la mujer que estaba frente a ella.
Astrid s