Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa calidez del hogar siempre tenía ese aroma agridulce: una dolorosa mezcla entre el suavizante de la ropa de siempre, ese que recordaba a los domingos de la infancia, y ese olor sutilmente metálico y aséptico que la enfermedad de mamá y los tratamientos habían terminado por instalar en las paredes. Tras dejar las maletas en mi antiguo cuarto, el silencio sepulcral de la casa me pesó en los hombros como una condena. Fui directa a la cocina, ese santuario familiar que antes rebosaba vida, risa







