—¿Es broma? —preguntó Elena, sonriente. Sonaba a chiste.
—No. —respondió Owen—. ¿No es suficiente? ¿Cuánto quieres? Dime, querida.
Elena lanzó una carcajada estruendosa. Bob también estaba allí, por supuesto, y al oírla le corrió un escalofrío por la espalda. “Así suena el diablo”, pensó. En cambio, Gregory solo estaba sentado al otro lado del despacho y se mantenía en silencio, esperando el momento para hablar.
Ella lo miró divertida, soberbia, pero de a poco su expresión fue menguando: la seg