Le sudaban las manos a Bob. Parado junto a Anna, intentaba tragarse toda la vergüenza que el comportamiento de su amigo le causaba, toda la vergüenza que él mismo sentía por haberla ido a buscar en un arrebato para pedirle que lo salvara.
“¡Ojalá se queme en el infierno!”, pensó con rabia. En el infierno personal de Elena.
—Intenté sacarlos cuando me enteré de que vendría… No pensé que haría esta estupidez —intentó disculparse. Tenía que disculparse con ella.
Anna solo se volteó y le dio una so