Pero Bob llegó primero. Sentía la obligación de estar ahí, como si fuera una red de contención para Owen. Se había hecho a la idea de que, si era necesario, lo sacaría a rastras; estaba parado erguido, con los hombros hacia atrás, las manos en los bolsillos y listo para golpearlo si su amigo se dejaba llevar.
La divisó entre la gente, riéndose y con una copa en la mano. Exactamente igual que en aquellos años. Al parecer, 'comer almas' le daba la virtud de mantenerse siempre joven. Se le revolvi