No se detuvo hasta que estuvo parado frente a ella, y Elena lo recibió con una sonrisa enorme, llena de satisfacción. Ambos se observaron, se escrutaron por unos minutos sin decir nada.
—Hola, Owen —le dijo ella, finalmente, con la voz baja.
—Elena —respondió él. Pero su tono ya develaba su lucha interna.
—Ha pasado mucho tiempo. ¿Cómo has estado?
—Bien.
—Me alegra que hayas venido.
Elena estaba más que alegre; sin necesidad de mirar, podía sentir cada par de ojos de ese salón posados en ellos,