Presionó el acelerador y salió disparado de la puerta de ese edificio. Le sudaba el cuerpo, la cabeza estaba a punto de explotarle, y su boca aún guardaba el sabor de la de ella. ¿Qué había hecho? Se maldijo en voz alta una y otra vez, hasta que llegó a la intersección con la avenida. Estaba furioso con él mismo, con esa bestia incontrolable que lo dominaba y lo llevaba a cometer estupideces.
Solo por darle un poco de consuelo al verla tan desdichada, llorando y acongojada, había dejado caer su