El grito de un lamento
Fernando Romero.
—Aún no tengo las fuerzas para salir a solucionar esto por mis propias manos, así que tienes la orden de seguir a Terrazano. Que se dé cuenta de que lo vigilas… que sepa que la familia Romeros lo busca.
—Como usted ordene, señor.
—Y quiero que también vigiles a mi esposa… me he dado cuenta de que siendo un Romero no cuenta con el apoyo de mi familia, ni de mí. Ve poco a poco y sutil, aún no recuerdo como era nuestra relación, pero sigue llevando mi apell