André a media pista me toquetea de forma indecente.
Y ¡joder! como me gusta; tanto, que el coño me late de ganas porque sea otra parte suya la que irrumpa en mí. Como él lo sabe, no detiene el baile, ni su tacto abandona mi piel.
— ¿Dónde está Amber? –cuestiono.
Dejo caer mi cráneo en su pecho y el movimiento de caderas no cesa.
— Encabronada...–dice a mí oído.
Y mantiene la pose en donde con la espalda toco su pectoral.
— ¿Por qué?
— Por tú causa. Siempre eres tú la que nos separa...
— No yo n