127. QUIZAS...
(ARIANA JÁUREGUI)
Me sequé las lágrimas con el dorso de la mano y levanté la cabeza. Miré por última vez la suite, el lugar donde se había librado esta batalla emocional, y luego salí. Caminé por el pasillo con paso firme, sintiendo el peso de mi vientre como un recordatorio constante de mi fuerza, de mi futuro. «Mis bebés me necesitan», pensé. «Ethan y Sarah me necesitan. Y yo necesito estar bien por ellos, por mí».
Mientras caminaba hacia el ascensor, recordé las palabras de mi madre: "Te vas