128. PUDE LLEGAR A CASA
(ARIANA JÁUREGUI)
-¡Llegué! Pude llegar a casa -exclamé, con una mezcla de alivio y euforia que me impulsó a dar pequeños brincos. Mis manos se posaron instintivamente sobre el final de mi pancita, acariciándola suavemente. Si bien aún no era enorme, para lo que estaba acostumbrada, ya era una presencia notable, un recordatorio constante de la vida que crecía en mi interior. Sentía el peso dulce y reconfortante, un peso que me anclaba a la realidad, a mi nueva realidad-. ¡Pude llegar por mi cue