Joaquín fue más directo todavía:
—Esto parece un velorio, no una fiesta.
Ricardo le dio un codazo suave:
—Oye, es el día de la boda, ¿no crees que deberíamos decir cosas más positivas?
Alejandro ni se inmutó.
Estaba como si nada.
Ricardo y Joaquín se miraron.
—Alejandro, todavía puedes echarte para atrás, ¿eh…?
Alejandro soltó aire con fastidio:
—Ella anda con otro tipo en frente mío, ¿por qué yo no podría casarme también?
Ricardo se rascó la cabeza, pensando: “¿Todavía le duele eso? Si ya se se