La voz de Daniela era tan aguda que podía perforar el tímpano de cualquiera.
Luciana alejó el teléfono del oído y respondió rápido:
—Ya llegué, ya llegué.
—Tienes diez minutos. Si no llegas en diez minutos, de verdad me voy a enojar.
Daniela colgó sin esperar respuesta.
Luciana quedó en silencio.
—Bueno, abogado Campos, yo...
—Vamos a cenar juntos —la interrumpió él antes de que pudiera terminar la frase.
Al ver que Luciana dudaba, Sebastián preguntó:
—¿Pasa algo? ¿Tienes algo urgente?
—No es qu