Despierto a su lado, ambos bañados por la tenue luz de la mañana, muy diferente de como es en Miami.
—Buenos días.
Acaricio su oreja con mi dedo, provocándole cosquillas.
—Buenos días a la mujer más hermosa de toda la tierra. —Enreda sus piernas con las mías y se abraza a mi cintura.
Se ha vuelto todo un romántico, y eso me enamora más cada vez más.
Nos quedamos así por un rato y luego bajamos a desayunar al restaurante del hotel, tomados de la mano y con un poco de cansancio, ya que solo hemo