Asiento lentamente, conteniéndome para no saltar a su cuello y quedarme ahí como una niña; sin embargo, no puedo impedir que mis pies se muevan sin mi aprobación y caminen hacia él como dos autómatas.
—Te extrañé... —Me escondo en su cuello, olfateo ese picante aroma masculino y cierro los ojos, a la vez que él rodea mi cintura con sus fuertes brazos.
Lo escucho suspirar.
—¿Qué me has hecho, Camila?
Su pregunta me toma por sorpresa, por lo que trato de apartarme de él, pero me lleva hacia s