Se echa hacia atrás tomando su pie entre sus manos y me lanza una mirada furiosa que luego se convierte en una divertida.
—Oye, qué salvaje eres. Me duele mucho, ¿crees que soy de metal o qué? Solo te robé un beso, no es para que intentes matarme.
—Ese fue mi primer beso... —Me acaricio los labios con los dedos y suspiro, sintiendo todavía la agradable presión y humedad—. ¿Ahora eres un roba besos? ¡Te odio! ¡Me robaste mi beso, ahora no podré vivirlo como yo quería!
De pronto tengo una torpe