Las negociaciones avanzaron, jornadas casi interminables saturaron el tiempo de ambas partes analizando cada pequeño detalle para lograr un acuerdo beneficioso. Los días pasaban y el ambiente llegó a distenderse a tal grado entre ambos equipos de trabajo, que la desconfianza que generó lo de Montes, se transformó en camaradería tanto en la empresa como fuera de ella.
Cuando les era posible, salían a divertirse, deleitándose con música de mariachis y actividades propias del lugar, degustando su