El móvil no paraba de sonar. Cada notificación en la pantalla le hacía sentir más culpable y arrepentida y para empeorarlo, ninguna le pertenecía a él. Después de unos minutos, el taxi se detuvo frente al edificio de la empresa automotriz y se sintió paralizada.
¿Qué iba a decirle? ¿Sería capaz de admitir ante él que lo necesitaba?
La incertidumbre la abrumó. Solía desdeñar a las mujeres que fingían ser incapaces de dar un paso sin apoyo, aquellas que se valían de cuanta argucia tuviesen a s