Nunca más digas eso.
—¡Dani, mi muñequita, reacciona! —asustado por lo que acaba de suceder, trato de reanimar a Dani. Se ha desplomado en mis brazos de la impresión y yo estoy más que preocupado. Se puso pálida como papel y su cuerpo es como un peso muerto.
Me recrimino internamente por haberle gritado. No fue la mejor forma, ella no lo sabía, pero esto que acababa de decirme nos enfrentaba a algo mucho peor—. Señor O’Connor llame a Lamas, por favor.
—Sí, sí, voy en seguida.
El señor O’Connor, sale del baño, con S