Início / Romance / Siempre fuiste mía / 2. Entre tragos y planes.
2. Entre tragos y planes.

En la mañana.

—Bien, a todos los visitantes que nos eligieron para prestar este servicio de turismo les damos la bienvenida a Ivanovti una región que además de disfrutar del hermoso paisaje podrán degustar de la cata de vinos así como de la gastronomía local, esperamos sea de su agrado y tengan momentos inolvidables.

Comentó la guía llena de ánimo mientras Elena traducía simultáneamente en mandarín a Dmitri susurrándole al para no molestar al resto de los presentes.

—Gracias, Elena, todos estos días me has sido de gran ayuda, me he podido enterar de todo en los paseos de lo contrario no lo hubiese apreciado igual.

—No hay problema, para mi ha sido agradable compartir estos días contigo. 

—Espero no incomodarte ni entrometerme en tus planes.

—¿A qué te refieres?

—Hace unos días atrás me comentaste que tenías un plan que cumplir, pero no se si la permanencia a tu lado no te ha permitido la libertad suficiente para hacerlos.

—Jajaja, ¿Quién dice que no lo he realizado al despedirnos en la noche?, pero tranquilo, justo hoy pondré mis acciones en marcha y no hablaré más del tema. 

Pero una vez el alcohol comenzó a recorrer su cuerpo Elena sintió cómo se deshibía, —Eres un hombre misterioso, no has contado detalle alguno sobre ti, mientras yo te he compartido algunos retazos de la mía.

—No soy un hombre especial, vine a este viaje a despejar mi mente y a tratar de superar un amor del pasado, necesito empezar una nueva historia, mi posición y mi edad me exigen formar una familia.

—¿Sin amor?

—Si, ya le di la oportunidad a encontrar una pareja por amor y no funciono ahora quiero seguridad y tranquilidad. 

—Yo creí haber encontrado el amor, pero me dejo a mi suerte así que creo que me equivoque, fue demasiado para él.

—Pero eso te llevó aquí, un nuevo comienzo y experiencias que de otro modo quizá no te hubieras atrevido a vivir.

—Tienes razón, debo pensar también en lo positivo.

Se vieron interrumpidos por los organizadores del viaje y el resto del día no volvieron a hablar de temas personales, sin embargo, al final del día terminaron en el bar del hotel, donde Elena bebió algunos tragos con rapidez.

—Creo que deberías parar, no has comido mucho y estarás ebria en poco tiempo.

—La estamos pasando bien, no seas aguafiestas por favor o ¿acaso tienes miedo de decirme tus secretos?—, Elena arrastró un poco las palabras al hablar.

—Quizá o temo dejarme llevar por mis emociones y perder el control.

—Es es justo lo que deseo, necesito reunir el valor para perder el mis límites y valores para lo que voy a hacer.

—¿Y qué es eso?, ¿no crees que las decisiones se deben tomar estando sobria?

—En este caso no, es un secreto así que no puedo decírtelo.

—Te he demostrado que puedes confiar en mí, además en pocos días te irás y no sabremos nunca más el uno sobre el otro, así que da igual si me lo cuentas.

—Quiero perder mi virginidad para que mi prometido y que su familia rechacen el compromiso.

—¿Por qué no hablas con ellos y no llegan a un acuerdo?, no es como si estuviéramos en la antigüedad.

—Ya lo intenté.

—Entonces, ¿estás dispuesta a regalarle tu virtud a cualquier hombre de los que se encuentran aquí?, seguramente viste uno que te resulte atractivo.

—Antes me parecía una buena opción escoger a cualquiera, ahora pienso que ese hombre debes ser tú.

-No te importa que sea un poco mayor.

-Tampoco eres un anciano, tengo 22 y tu tienes 29, para este caso seguro es una ventaja pues debes tener experiencia.

Sin esperar respuesta Elena acercó sus labios a los de él, lo beso con timidez y apenada se apartó con rapidez, pero Dmitri qué se había contenido desde hace días tomó su rostro entre sus manos y la beso apasionadamente.

Después de unos minutos donde no dejaron de besarse a pesar de estar en público quedó clara la atracción entre ambos.

—¿Puedo acompañarte a tu habitación?—, susurró Dmitri en su oído con voz profunda lo cual la hizo estremecer.

—Mejor vayamos a la tuya, quiero que me hagas pasar una noche inolvidable—, respondió Elena excitada.

Con prisa entraron al ascensor caricias y besos compartidos encendieron aún más las llamas del deseo, con torpeza Dmitri abrió la puerta de la habitación y apoyó a Elena contra la puerta.

—Eres tan hermosa, me nublas la razón, te he deseado desde el momento que te vi.

—Entonces no te contengas más.

—No quiero apresurarme, mejor sentémonos un momento.

Dmitri la llevó despacio hasta la cama, le dio un vaso de agua con una pastilla para la resaca y al esperar unos minutos contemplando su rostro en silencio, tal como lo pensó el cansancio y alcohol hicieron su efecto. 

Apenas comenzaban a salir los rayos del sol cuando Elena de manera perezosa abrió los ojos estirándose en la espaciosa cama pero al ver a su alrededor y darse cuenta que no era su habitación recordó lo ocurrido y comenzó a revisarse para saber qué tan lejos había llegado.

—Buen día princesa, ¿cómo te sientes?—,allí detrás de ella en la cama Dmitri la observaba ambos estaban vestidos asi que no había pasado nada.

—Bien, demasiado de hecho para todo lo que bebí, te agradezco que me cuidaras, estoy un poco apenada.

—Ahora que estás sobria puedes decidir si realmente cumplirás con lo que prometiste anoche. 

—¿A qué te refieres?

—Dijiste que serías mía y no quise hacerlo mientras estabas ebria, si vamos a tener intimidad no deseo que estés inconsciente ni que olvides nada de lo que sientas.

—Yo…

Dmitri con una caricia tomó su rostro y la beso con la misma pasión de la noche anterior y al notar que ella correspondía, no hubo más preguntas.

Elena quién siempre había guardado cierto temor a aquella experiencia sólo podía estar agradecida al universo que fuera tan especial a pesar de ser con un extraño.

No salieron el resto de los días de la habitación, haciendo solo pequeñas pausas para comer para luego entregarse a los besos y caricias explorando el placer más allá de lo convencional.

Tres días más tarde, mientras se vestían después de hacer el amor por última vez, —Por favor, abandona todo—, le pidió Dmitri.

—No, no puedo, debo volver, necesito resolver mi pasado para crear un nuevo futuro, estos días los atesorare por siempre pero solo fue sexo y nada más.

—¿En serio solo fue eso?, no soy un niño, creo que esto podría continuar y podríamos ser una buena pareja.

—Justo por eso quería estar con un extraño sin apegos ni futuro, solo unas horas de placer y ya.

—De acuerdo, entonces te acompañaré al aeropuerto, no te pediré tu número ni intentaré contactarte, pero hasta subir al avión eres libre de cambiar tu destino si escapas conmigo.

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