Mundo de ficçãoIniciar sessão
“Nunca esperé que me fuera tan fácil escapar, sé que no será por mucho tiempo, pues inevitablemente deberé volver o vendrán por mí, pero al menos tendré un respiro por algunos días antes que se desate el caos”.
“Mis tíos pretenden dejar sobre mis hombros su futuro y fortuna, como si fuera una moneda de intercambio cuyo valor está en su virtud pero al final seré yo quién decidirá mi destino en este viaje, ya soy una mujer asi que nunca más lo harán por mí”.
Elena Romanov se sentía emocionada a la par de ansiosa sobre lo que le deparaba el destino, pero no podía esperar a llegar a Italia, había escogido aquel país por su fama de hombres atractivos y extrovertidos lo cual encajaba justo en su plan.
Apenas llegó al aeropuerto de Florencia su teléfono sonó y de manera instintiva contestó, —Estoy viva tía, por ahora no voy regresar.
—Desgraciada, ¿después de todo lo que tu tío y yo hemos hecho por ti?, te criamos y dimos lo mejor como si fueras nuestra propia hija y no solo nos has dejado mal con la familia Petrov sino que has tomado parte de su dote para escapar.
—Soy una mujer adulta y me haré responsable por devolver cada centavo en cuanto tenga acceso a mi fideicomiso.
—Tus padres antes de morir hicieron este compromiso de unir ambas familias—, respondió su tia indignada.
—Lo siento si en realidad era el deseo de mis padres, pero no pienso cumplirlo casándome con un hombre viejo, que no conozco y que se encuentra fuera del país.
—Regresa de inmediato sino…
—Ya basta de amenazas, es mi vida la que está en juego y no me llames más pues no voy a responderte—, culminó la llamada sin dejarla terminar y tomó su maleta para dirigirse al hotel donde había reservado mientras se mostraba pensativa.
“Yo también perderé con este plan, fui tan inocente, pensé que Artem Petrov sería valiente, que pediría mi mano, que lucharía por mí a pesar del poco tiempo que habíamos comenzado nuestro romance, pero no, huyó sin darme una explicación ni responder mis llamadas así que debo ser yo quien lo solucione mi futuro”.
Apenas se registró y fue a la habitación exploró con curiosidad todo el lugar, se acostó en la extensa cama para probar su suavidad y sin desearlo derramó algunas lagrimas.
Se quedó dormida por el agotamiento, era la primera vez que viajaba sola por lo que se sintió en total libertad y fue un alivio a la tensión de los últimos días.
Al despertar miró su reloj sin prisa, se dio una ducha y después de caminar un poco por lugares cercanos regreso a cenar en el restaurante del hotel donde se hospedaba, con un poco de timidez y cierta duda al hablar el italiano, pidió una mesa y se llenó de valor ante los desconocidos alrededor.
Un hombre con un increíble parecido al actor Danila Kozlovski que la miraba insistentemente desde la barra, parecía dudar, pero se decidió a acercarse, mientras Elena observaba su atractivo, su actitud era elegante, varonil y sensual, pero a la vez su vestimenta informal lo hacía parecer accesible.
—Hola, mi nombre es Dmitri Ivanov.
—Hola, no estoy interesada, sea cual sea tu plan para ligar conmigo—, su plan era acostarse con un extraño, pero no le apetecía en aquel momento y menos con un hombre ruso como ella pues no deseaba apegos ni contactarse con aquel que le quitara la virginidad.
—Me has malentendido, disculpa si te molesté, eres atractiva y supongo que cualquier hombre se sentirá afortunado de despertar tu interés, pero no para mí, no estoy interesado en romances.
Aquel comentario de alguna manera le incomodo, ¿como era posible que a la primera la descartara si ella es una belleza?, —Supongo que tienes estándares muy altos.
—Quizá, pero solo vine de turismo, me disculpo por dar por hecho que podrías ayudarme, no se italiano y pareces estar comiendo un plato delicioso, solo me apetecía pedirlo, me muero de hambre.
—Lo siento, supongo que estoy de mal humor, yo también estoy haciendo turismo, pero mi esposo llegará en unas horas pues se retrasó su vuelo—, mintió esperando espantarlo.
—Entiendo, a veces los imprevistos son difíciles de tolerar.
Elena sonrió cautelosa, pidió aquel plato para el desconocido y se sintió aliviada cuando este luego de agradecerle se fue de inmediato a una mesa lejana y no volvió a hacer contacto visual con ella.
El resto de la noche transcurrió sin novedad, al siguiente día decidió ir por un café al restaurante del hotel y nuevamente coincidió con el hombre apuesto de la noche anterior, pero esta vez él solo la saludó con un gesto y no intentó acercarse lo que la hizo sentir aliviada.
Decidida a aprovechar al máximo el viaje visitó la Basílica de Santa Croce y la Galleria Uffizi, el arte siempre había llamado su atención pero nunca le permitieron explorar si tenía talento pues su educación fue planeada para ser la esposa de un hombre poderoso, estudios internacionales, economía e idiomas.
“Para almorzar y conocer un lugar popular sugieren en las páginas de internet el Mercato di San Lorenzo, espero encontrar algo delicioso”.
Apenas entró al lugar, los olores y colores la cautivaron, era vibrante y el flujo de personas abundante, pero apenas caminó unos minutos cuando un hombre chocó con ella al pasar y luego escuchó una gran discusión.
Al girarse se sorprendió al ver a Dmitri Ivanov arrancando de las manos del desconocido su monedero, el ladrón corrió escapando de inmediato y su defensor caminó hacia ella preocupado.
—¿Estás bien?, ¿te ha hecho daño?
—¿Qué ha ocurrido?, ¿Cómo es que estás aquí?
—Acabo de llegar de un tour para almorzar aquí y por coincidencia observe cuando el hombre metía su mano en tu cartera.
—Esto es muy extraño, tantas coincidencias.
—¿Y tu esposo?
—¿Quién?—, Elena se ruborizo y su gesto de sorpresa la delato, —me has atrapado, no estoy casada, menti para alejarte.
—No soy un acosador, lo prometo, si quieres me voy y te dejo sola, pero debes tener cuidado los carteristas son comunes en lugares así, coloca tus cosas delante de ti para que no la pierdas de vista.
Pero Elena se sentía aún atemorizada así que respondió con rapidez, —no te vayas, me sentiré más segura si te quedas conmigo.
Desde ese momento se hicieron inseparables y visitaron lugares recomendados sin ningún acercamiento ni hablar de sus vidas personales.
—Faltan tres días para terminar mi viaje—, comentó inesperadamente Elena durante la cena.
—Lo dices con cierta nostalgia, siempre puedes volver o más adelante viajar a otros lugares hermosos.
—En realidad me espera lo más cercano a una prisión—, respondió desanimada.
—Entonces vive estos días que te quedan aquí con intensidad, ¿que te parece si hacemos el tour de vinos?
—Te tomaré la palabra y no me pondré freno, hagámoslo—, “además aún no he cumplido con lo que tenía planeado para sabotear mi compromiso”, pensó para si misma.
24 Horas después.
—¿Puedo acompañarte a tu habitación?—, susurró Dmitri en su oído con voz profunda lo cual la hizo estremecer.
—Mejor vayamos a la tuya, quiero que me hagas pasar una noche inolvidable—, respondió Elena excitada.







