Mundo ficciónIniciar sesiónLa respiración agitada de Elena dejaba claro que se encontraba ansiosa, se sentía acorralada, todos parecían querer obtener algo de ella y ya no podía más.
—No podemos casarnos, mi situación ha cambiado y no quiero ser deshonesta en ocultarlo.
—¿A qué te refieres?
—Perdi mi virtud, así que no puedo ofrecerle un historial sin manchas, es mejor que intente conocer otra mujer y sobre el dinero que tomé le doy mi palabra que lo devolveré.
—Te pregunto, ¿te casarás con ese hombre?, ¿estas enamorada de él?, ¿hicieron planes a futuro?
—No, para nada.
—Entonces no me importa, ni lo que tomaste así como tampoco si ya estuviste con otro hombre, eso no te quita valor, mi palabra a tu padre no se borra debido a eso.
—Ningún hombre le atraen las mujeres que se acuestan con cualquiera.
—A mi me parece una ventaja, estoy seguro que tienes claro lo que te gusta y da placer, así que no perderíamos tiempo.
—Pervertido.
—Alguna vez se pensó que si la mujer siente placer en la intimidad será más fértil que es mi objetivo principal.
—Esta conversación es totalmente inapropiada, ni siquiera nos conocemos.
—Estamos hablando las cosas clara como adultos.
—No me casaré contigo, ni por todos los millones del mundo ni porque te muestres comprensivo con todo lo que digo.
—No me respondas ahora te dejaré quince días para pensarlo, te daré el contacto de mi asistente y cuando se venza el plazo o tomes una decisión avísame.
“Este hombre realmente es inflexible su es tan duro con su hermano que resta para otros, no quiero nada con él”.
Esa noche realizaron una cena familiar para celebrar que la pareja había registrado su matrimonio y que al siguiente día sería la fiesta.
De pronto la señora Petrov tomó el micrófono, su felicidad era evidente, —Queremos anunciar también que además de esta hermosa unión, en los próximos meses la familia crecerá pues recibirá un nuevo miembro.
Los aplausos y felicitaciones no se hicieron esperar qué más podían desear los Petrov, sin embargo, la cabeza de la familia el señor Petrov se mantenía serio y pensativo hasta que se acercó a ella.
—Hola Elena, ¿cómo te sientes?, no he podido hablar contigo desde que llegaste porque el trabajo y compromisos me lo han hecho difícil.
—Estoy tan apenada con usted, sé que mi padre le tenía estima y yo traicione su confianza.
—Soy yo quién te falle, debí hablar contigo más abiertamente pero creeme que si elegí a Ivan como tu pareja es porque es la mejor opción para ti, quien realmente te amara de verdad.
—¿A qué se refiere?
En ese momento la señora Petrov se disculpó y tomó a su esposo del brazo para llevarlo a hablar con otras personas importantes y Elena se quedó aún más confundida que antes.
Al día siguiente debió disimular delante de la novia quien amablemente la incluyó en los preparativos previos, peinado, maquillaje y selección de vestido entre los muchos que llevó un estilista para que ella también luciera hermosa.
“Tan inocente y de buen corazón, la chica ni se imagina que su novio me persigue, me dice palabras de amor y promete mientras se preparan para casarse, la verdad me siento mal por ella”.
Desde una mesa esa noche Elena observó la hermosa declaración y la caminata de los novios por aquella tarima hasta encontrarse en un punto y abrazarse después de un tierno beso.
Artem se mostraba enamorado, como si la admiración y el orgullo por su pareja se desbordara de su interior, soberbia su demostración.
“Que buen actor casi lloro ante sus muestras de amor, ¿cómo podría creer en la sinceridad de sus promesas hacia mi después de esto?, quiero llorar, me siento traicionada por todos lo que pensé que eran mis seres queridos,”
Como si pudiera leer su mente después de saludar algunas mesas y que su esposa se ausentara él se acercó a la mesa donde estaba Elena sola.
—Felicidades Artem Petrov, deseo para ti y tu esposa
—No digas tonterías, si no estoy a tu lado, no podré ser feliz jamás.
—No empieces tu matrimonio así, esa mujer no se merece eso, respetala y te irá bien, además vas a ser padre qué mayor bendición.
—No aceptaré que te cases con mi hermano, mi madre me contó que él no ha disuelto el compromiso, si no eres mía, no serás de nadie más.
—Eres tú quien celebra su boda, ya basta Artem , disfruta tu día y tu nueva vida.
—Si aceptas Elena, te juro que diré que estabas conmigo.
—Lo perderás todo, tu novia es una buena mujer y la que necesitas para darte el impulso qué necesitas.
—Lo odio, odio a Ivan, por eso no quise que estuviera en mi matrimonio, quiere quitármelo todo, hasta tú piensas dejarme por él.
—Fuiste tú quién me dejo primero, recuerdalo y ya déjame en paz—, concluyó Elena dejando la mesa para intentar refugiarse en su habitación hasta que la tomaron por el brazo.
—Solo estoy esperando que salgas de la protección de esta familia para que me pagues toda la burla y crítica de la señora Petrov que no para de humillarnos— susurró su tía al oído como si estuviera saludando.
“No aguanto estar en esta situación, continuar viendo a los recién casados dándose amor por todos lados mientras recibo amenazas y Artem no para de acosarme, es claro que necesito ayuda.
Elena tomó el teléfono agitada y escribió a Ivan, —Está bien, aceptaré tu propuesta.
—¿Estás segura de tu decisión o estás siendo presionada?
—Es mi última palabra.
—Entonces mi asistente que está por llegar te llevara el contrato una vez lo firmes no puedes echarte para atrás pues tiene penalizaciones económicas importantes.
—De acuerdo, no me retractare.
Una semana más tarde.
—Ya me encuentro esperando en el registro Civil si no llegas pronto me iré y serás tú quien deba pagarme—, escribió Elena perdiendo la poca paciencia que le quedaba.
—Siento el retraso, ya estoy por llegar, por favor no te vayas—, respondió ansioso.
Cinco minutos después un auto negro con vidrios polarizados se detuvo frente a Elena que impaciente había decidido esperar afuera.
“Debe ser él, que bueno que ya llegó pues estoy a punto de arrepentirme de este trato, no sé si podré tolerar casarme con un hombre tan mayor y desconocido”.
—Hola Elena Romanov, mi dos veces prometida, al fin nos encontramos en persona—, dijo el hombre al bajarse del auto con un ramo de flores en las manos y una sonrisa ganadora.
“No puede ser”.







