Entramos a la ducha. Lucien se notaba muy nervioso, pero intentaba ocultarlo; no quise hablarle más al respecto, para que su mente tuviera el tiempo para poder analizar y darle valor. Subimos al carro de Beta Sirius, en los asientos de pasajeros, mientras él conducía y nos llevó hasta la prisión donde se encontraba el joven.
Al vernos llegar, nos dieron inmediatamente el paso. Caminamos tras Beta Sirius, que nos condujo por algunos pacillos, hasta llegar a una habitación con un enorme vidrio q