Alexander Sinclair
El aroma a café recién molido y a masa horneada se filtró por las rendijas de la habitación, sacándome de un sueño profundo que rara vez experimentaba. Abrí los ojos y el lado de la cama estaba vacío el frío de las sábanas indicaba que ella llevaba despierta bastante tiempo. Me incorporé, sintiendo una pesadez inusual en los hombros, un vestigio de las tensiones que, a pesar de nuestra tregua, seguían gravitando sobre nosotros.
Bajé las escaleras guiado por el aroma. La esc