Alaia Kendrick
La luz de la mañana se filtraba con timidez por los bordes de las cortinas, pintando rayas de oro sobre la madera rústica de la cabaña. Abrí los ojos con lentitud, sintiendo el peso reconfortante del brazo de Alexander sobre mi cintura. El aire en la habitación aún conservaba el rastro de nuestra unión de la noche anterior, un aroma a piel, leña y deseo que me hacía querer permanecer allí para siempre, suspendida en un tiempo que no me pertenecía.
Me giré con cuidado, tratando