Alaia Kendrick
Bajé las escaleras con el corazón aún martilleando contra mis costillas, como si cada golpe fuera un recordatorio de lo que acababa de ocurrir en el baño de mi propia habitación. Al llegar a la cocina, el aroma a mantequilla y vainilla me golpeó de lleno. Mi madre estaba frente al horno, sacando una bandeja de galletas recién hechas, mientras el vapor de una tetera silbaba suavemente sobre la estufa. La calidez del ambiente contrastaba violentamente con el frío glacial que sent