Otra chica uniformada como la del autobús dejó una pila de mullidas toallas sobre la mesa del centro y todos tomaron la suya para secarse. Livia se dio cuenta que esa casa no tenía ningún detalle personal, parecía deshabitada y eso podía implicar un enorme problema si Franco había decidido cambiar de lugar los documentos que necesitaba.
—Si quieren beber no habrá problema, pero con la comida tendremos que esperar a que pase la tormenta. Se suponía que los demás se encargarían, pero… —Efraín lo