Resignado, Franco acomodó el aparato sobre el escritorio, alineándolo junto a unos documentos. Miró a la rubia que tomó asiento frente a él y dejó la botella sobre el mismo antes de acercarse y fruncir el ceño, como cuando tenía algo importante que decir.
—No quiero que contrates a Abril.
—Lo siento, pero es una decisión tomada. —Algo hizo Elías y no quería limpiar su desastre, ya no.
—Puede ser un peligro para ti. Mira, Franco, no me importa que le estés haciendo un favor por la fotógrafa, per