Al otro lado de la línea, Dominic guardó silencio unos segundos más de lo normal.
—¿Estás segura? —preguntó al fin.
—Completamente.
Volvió a quedarse callado.
Fruncí el ceño y miré el celular.
—Dominic.
—Te escucho.
Había algo extraño en su voz. Seguía hablando con la misma calma de siempre, pero esta vez sonaba más cauteloso, como si estuviera midiendo cada palabra. No sabía qué le pasaba y, sinceramente, tampoco tenía ganas de ponerme a averiguarlo en ese momento.
—Luego hablamos de cómo hacer