Perspectiva de Dominic
Mi pene, que se había ablandado en el momento en que escuché la voz de Julian, ya estaba tieso otra vez.
Me deslicé más abajo y le agarré las tetas con las manos. Cerré la boca sobre sus pezones, uno tras otro, chupando fuerte, lento, deliberado. Se le escapó otro gemido.
Julian casi gritó del otro lado.
—¿Qué está pasando, Celeste? ¿Qué estás haciendo? Contéstame.
—¿Qué dices, cariño?
Su voz sonaba hecha pedazos. Los ojos le brillaban con un deseo que apenas podía contene