Perspectiva de Julian
—¡Celeste!
Ella seguía cantando.
Me paseé de un lado a otro del dormitorio con el vestido negro en la mano, gritando su nombre hasta quedarme ronco. Pero ella seguía cantando detrás de la puerta del baño, como si mi voz fuera un simple ruido de fondo. Como si yo fuera un mueble más de la habitación. Como si ni siquiera existiera.
—¡Celeste!
Por fin, la ducha se apagó.
Dejé de caminar y me quedé en medio del dormitorio, esperando. Me repetí que debía mantener la calma, aunqu