— ¡Basta, para ya con eso! —me quejo entre risas sonoras que me obligan a tomarme la barriga—. ¡Ya no me hagas reír que me duele!
Pido con ojos llorosos y Kenneth alza sus manos inocente; hemos salido hace una hora del set de grabación y él no ha parado de bromear con el asunto de nuestra boda falsa.
—Bueno, bueno ya no digo nada, esposa —bromea una ultima vez y toma su copa para beber un poco de whisky—. Que rápido avanzo nuestra relación. De amigos a novios en un solo día. ¡Increíble!
Meneo l