—Llegue a pensar que este encuentro nunca se daría —sonríe abiertamente y su felicidad infantil me llena de calidez el pecho—. Me da gusto haberme equivocado.
—Y yo lamento haberlo olvidado, Charlotte —le tomo la mano y ella le resta importancia al asunto con un gesto cabeza—. ¿Cómo has estado? Digo, después de todo lo que sucedió con Jair.
Ella suspira largamente y baja la mirada. Luce tan indefensa que siento unas ganas terribles de abrazarla; quizás tenga que ver con que hoy se ve mucho más