—No puedo creer que te veas tan jodidamente bella vestida así, aun teniendo el pelo mojado.
Sonrió satisfecha viendo mi reflejo en el espejo del vestuario del gym. Llevo la mi ropa con que salí esta mañana de casa: conjunto de pantalón y chaqueta blanca, entallada perfectamente, top de color rojo marino y zapatos de tacón del mismo color.
—Es una de las pocas cosas que debo agradecerle a Úrsula —tomo mis aretes de oro blanco, ajustándolos a los lóbulos de mis orejas.
—Si Úrsula no fuera una per