—¿Y tú quieres que las cosas sigan así? Esa carita me dice que no. —Me empuja traviesa y ríe.
Me ruborizo por las cosas que dice.
—Pues sí… —respondo muy dudosa y me rasco la nariz.
—¡Mentirosa, te has rascado la nariz!
Estallamos en risas.
—¿Quieres comer algo?
—Quisiera quedarme, pero tengo una cita… Te deseo mucha suerte en la tuya. —Arquea una ceja.
—Usa condón, no quiero sorpresitas. —Entrecierro los ojos, ella ya sabe que me preocupa que a veces sea algo alocada.
—Nunca lo olvido, pero, lo