Alex abrió la puerta de la suite presidencial en uno de los lujosos hoteles que pertenecía a su empresa. Enseguida cargó a Lolita en sus brazos.
—¡Estás loco! —se quejó ella—, te va a salir una hernia.
Alex bufó.
—Tengo la suficiente fuerza —afirmó y con la punta del pie empujó la puerta, y condujo a su esposa dentro de la suite.
Lolita observó maravillada la decoración. Había varios arreglos con los girasoles que tanto le gustaban, pétalos de rosas en el piso, las luces tenue enmarcaban el