María Dolores presionó la mano de Alex al instante que ingresaron a la clínica.
—¿Nerviosa? —indagó él.
—Asustada —confesó Lolita reflejándose en los ojos de él—, tengo cuarenta años, y…
Alejandro colocó sus dedos en los labios de ella.
—No pienses mal, hoy en día hay muchas mujeres de tu edad embarazadas —expresó suspirando—, más bien esperemos a qué el médico nos atienda.
Lolita inspiró profundo, y esbozó una sonrisa.
—Tienes razón —expresó, enseguida llegaron al consultorio y la as