María Dolores parpadeó, su corazón se detuvo por milésimas de segundos al darse cuenta de que se quedaría detenida.
—¡Yo soy inocente! —exclamó—. A mí me secuestraron, y ese infeliz se cayó solo al barranco.
—Eso es lo que debemos investigar, señora —dijo el fiscal, entonces ordenó a los guardias que esposaran a Lolita y se la llevaran a la celda.
Cuando la puerta de la oficina se abrió Alex de inmediato se acercó, palideció al ver a María Dolores con las esposas en las manos.
—¿Qué sign