El corazón de ambos latía con fuerza brutal, más cuando sus labios se unieron en un desesperado beso.
Cuando la falta de oxígeno los obligó a separarse, Alex pagó a los músicos, y subió con Lolita al apartamento, tenían tanto de que hablar.
Cuando ingresaron lo primero que Alejandro hizo fue posar sus dedos en las marcas que el infeliz de Franco dejó en el cuello de Lolita. Sus músculos se tensaron de imaginarla a merced de ese asesino y él lejos sin poder defenderla.
—¿Cómo estás? —indagó